SEGUNDO TIEMPO, LAS RULETAS DEL DESTINO.
Sumè el acantilado en sobremanera con el acorde del desconsuelo, tropecé con el diván que sobre nubes descansa subiendo las cuestas y despeñe en saltos imprecisos mis fuerzas. Las gardenias rojizas por la espera se marchitaron antes del amanecer, los sauces llorones naufragaron en el viento cuando apenas el sol se tendía tras la ventana.
Fue mi error volar con las golondrinas lejanas en el horizonte, fue una pena esconder las heridas, fue un acto descabellado remendar los agujeros de la penumbra mientras usaba las hebras de la esperanza.
Soy mortal, pero a veces se me olvida y pretendo tentar las ruletas del destino.
Si mañana escribes mi nombre sobre el recuerdo mientras una melodía asoma con tristeza, si mañana te meces en la impaciencia y un escalofrío se desvanece entre tus venas, si mañana , escuchas que he me marchado donde los astros son más grandes y me crees un enfermo que no tiene cura, sigue aliada del tiempo que me desconoce.
No sé de perfectas estructuras, no hay pirámides en mí que contengan lucidez y cordura en cuestiones de amor, no fabrico luciérnagas provistas del algodón de lo equilibrado, no soy sensato ni tampoco altanero centurión de caprichos, no se beber agua del arroyo desatinado y embriagador de la paciencia, soy fuego impulsado por mil corceles inquietos y renegados, soy pasión cubierta de lanzas y apuntaladas sorpresas, soy miedo y niño en una sonrisa traviesa, soy velero derribado por olas azarosas y bulliciosas de la algarabía reinante de cualquier primavera, y por ello comprendo los pecados, los silencios, los suspiros, los latidos y los duendes de la eternidad. ¿Qué quieres de mi?...... ¿Que buscas en mi?, ¿Acaso esas páginas de alegría constante sin la amenaza del adiós?
He tejido la tela inconclusa con hojas malvas y difusas de cadenas solidas. He perdido en tus ojos esa mirada que sin brújula me encuentra en cada segundo, he perdido el empuje de tus labios sobre la cascada de los míos, he perdido el sillón de los bucaneros sobre las estrellas, y me muero, me muero tan despacio como una noche en el universo, me seco como manantial ciego que forma el rocío, me esfumo como remolino pequeño cerca de las tormentas, estoy justo en la horca de mis propios acertijos, suspenso en la caída, debajo de los rieles, hipnotizado por el espejo húmedo de mi habitación, mudo, apenas sin el aliento, entumecido ante los fantasmas y esperando otra estocada de la soledad.
Nadie te dijo que yo existía, no fue por códigos ni rifas que me encontraste, fui yo quien decidió nacer para conocerte, fui yo quien apenas siendo retoño te soñó, fui yo quien trazo las líneas para hacer un camino que me llevara hasta ti. Fui el dueño los pactos, fui yo quien sobrevivió todos estos años para estar junto a ti una vez, una y única vez. Fui yo quien cambió con los acreedores de las fortunas parte de mi pecho y de mi glorias por una historia ínfima detrás de tus caderas, detrás de tus muslos, para enroscarme en las mieles de tus caricias, fui yo quien buscó que pasara la brisa del verano entre nuestros dedos entrelazados, y aun así me culpas de esta tendencia a convertirnos en extraños, ¿Qué sabes tú, entonces lo que es amar?
Sumè el acantilado en sobremanera con el desconsuelo, cuando cerraste la puerta. Buena suerte.
Dos puntos, una curva.
De algodón retorcido es la cabecera del horizonte, como un precipicio fusiforme y remojado por los márgenes que descienden en rustica sinfonía es mi silencio, como un trozo de vidrio encajado en el descalzo pie y como sangre que brota desordenada entonces soy ensimismado en los balcones de la ansiedad. Los autos traspasan las letras en las aceras, le gente camina por los bordes de sus propios pasos, y de momento me golpea tu mirada como alas de mariposas y me desnudo en el revuelo de sus destellos.
Dios se ha marchado con aquella brisa divina que dibujó la suerte sobre las escrituras del perdón, se ha marchado tan lejos como pudo de mí, sin prisa y vestido de la más cuerda locura. Han caído las hojas por todo el cielo de los sauces y mi conciencia, como puntales han caído los instantes, y mis lágrimas son gavetas rellenas de cartas y miedos. Dios se ha marchado, bendito día escogió el señor…. el mismo día que te encontré, vida, en las alforjas de la esperanza, y para colmo te ha llevado consigo.
Sediento como la fantasía de una caricia, anudada en las manos sobre tus caderas, es ahora mi espera. Tengo un duende junto a la ventana en vigía enorme como una roca leal a ese faro que ilumina las costas. Oculto sobre una estrella se me quedó la rodilla de un beso, apoyada en el fino lienzo aterciopelado de tu boca. Repleto los tendones por el deseo de abrazarte, azotado por el temblor que provoca tocar tus manos, y esos permisos que se caducaron en la despedida.
Dios se ha marchado por los péndulos de ese pelo que se te enreda en el rostro, tan lejos de mí como los cien valles que nos esperan al morir, y ya la tarde rendida ante la engalanada noche que tropieza junto a los gritos del ocaso, se mece en ese banco gris en donde estamos los dos.
Un manojo de unicornios blancos tu blusa es , un arquero son mis ojos en los puntos y en la curva, como un remiendo de la guerra entre el néctar y la hormiga bajo el ciruelo.
Podrá pasar la vida, en un final es algo relativo y también reinar la duda, más no aquello que tengo en el sentir, cuando si te pienso se me devuelven las azules glorias, en el frenesí encantado de tu existencia albergo el ultimo de mis alientos. Y Dios lo sabe y por eso se ha marchado para dejarnos el mundo para los dos. De algodón retorcido es la cabecera del horizonte, y no merece tanta fuerza la distancia.
Tus ojos.
Una aventura son tus ojos, de esas que algunas veces no puedes vivir
Solo desear
Un continuo brote de manantiales, de esos que muchas veces no puedes beber
Solo contemplar
Un cielo tan azul como ninguno, una noche tan llena como todas las lunas en una
De esos que muchas veces no puedes retener, solo encontrar
Un destello de Dios, una lanza del tiempo, un bocado de lo natural
Tus ojos la manera única de lo bello hecho forma y color, líneas y delirio
Tus ojos el decir de la ternura, el baile y vuelo de lo divino
Tus ojos el consuelo y el camino para enamorarnos sin final.
Una gaviota dibujando las mareas son tus ojos
Una cascada en lo alto, un gemido en lo profundo, un suspiro en el pecho
Una Oración tu mirada deslizada en mil melodías, un grito en el silencio, un asecho
De esos que no se pueden callar
Una acrobacia en la ansiedad, un pretexto para el beso
Un nido habitado por mariposas, un roble meciéndose al viento
Un rosal descarnado y abierto en un verso
Un sitio, un sitio hermoso y quieto, de esos que a veces no puedes llegar, solo bendecir
De esos que no puedes decir
Lo que son por no saber las palabras, tus ojos son la verdad.
Una aventura son tus ojos, de esas que algunas veces no puedes vivir
Solo desear.
En el teatro del Adiós
(Acto primero)
Descolorida la carpa, como el heno que yace en las alfombras
retocadas con hebras multicolores
Por la mano del sastre escondido entre tramoyas y bastidores
¡Ay!... y esas enormes murallas de oscuras manchas que descansan
en la entrada de cada telón, de cada nudo, de cada galería, vivas otra vez
Un clarinete con el ébano de sus balcones y pestañas empañados
sin barrilete ni abrazadera, se descuelga en algún rincón
Así, con un sombrero de tres columnas rojas salpicadas de lentejuelas
Llegó el bufón con una rosa enraizada desde el corazón
Chaqueta desteñida por el azul grisáceo de un amarillo
amontonado en las monteras piconas
y zapatos de pompas de jabón, endurecidos y ciegos, patinando sobre la lona
Para cantar aquella balada, entre piruetas y bohemios gestos de olvidado amante
Con el ritual del halcón que bajo y alicaído vuelo defiende en un instante
cuando su amor se ha marchado
(Acto segundo)
La enorme cabalgata hasta el angosto comedor de persianas insomnes
Lleva de esquiva desmedida entre cuadros con paisajes de batallas y flores
La frente se desprende como cera recién encendida, en los pasos
Y en las manos un crucifijo sufre como un péndulo, los oscilados movimientos
Ya nada de los aromas de su carne, ya nada en el silencio de la búsqueda
Solo una intrépida ansiedad, solo un bálsamo de dolores
Solo calma, solo sombras, luto, ocaso
No toméis amanecer esta alma mía, pide, sin que sus labios
Entierren en las madreselvas de mis fibras, el beso que colme
De vientos salvadores mi poca existencia sin sus ojos
No toméis destino, clama, las rendijas aventureras que se agrietan en los finales
Sin que su nombre me llame, lejos de esta locura de antojo
Por beberme todos sus causes, porque será pecado
Dejadme decirle, antes que me lleves adiós joven, amor quédate
(Acto tercero)
En el bar de cualquier esquina, en la barra de cualquier bar, el brazo es extensión
De una copa ensangrentada, copa de mediana estatura, soñolienta y bohemia
La Vitrola se impone con la melodía de una carrasposa voz melancólica, las gotas
Impacientes de una lluvia enfurecida golpean los vidrios de la noche
Y hay un llanto oculto en lo profundo de quien bebe y recuerda
El bullicio es sordo, como muda la risa y triste la mirada resbalando sutilmente en los espejos sarcásticos de sus imágenes
Dos se besan justo detrás en el diván, otros bailan en la pista, más él esculpe en su
Asiento singular y apartado, culpas, lagrimas…y piensa
Cuando es el amor el dios que nos fragua, y nos decapita alguna vez, será entonces la vida, el último sitio en que queremos estar
Cuando es su himno, un plegaria de derrota y un poema moribundo
Es la vida un desierto que nos niega, con sus arenas, a seguir la marcha
L. Castellanos / E. Obanyoko
SIRENA DEL BOSQUE
Tenía puertas dentadas el carrusel que abandonó la lluvia
Tenia un suplicio de muerte la arena revuelta del parque
Se sentó mirando al cielo aquel paraguas
que alguien escondió entre las costuras de un banco
Tenía en su vuelo primero el pichón de paloma,hojas de primavera acompañándole
Tenia hasta la nube más remota, cual jiste blanqueado
confecciones de mil miradas indubitables
Pero para el espacio que como jubón me aprisionaba solo hallaba migajas de vacío.
Tenía la hierba verdecida
trampas florecidas de mariposas revoloteando entre sus tallos delgados
Tenia la tarde una pasarela indómita y caprichosa para desnudarse
Tenía la cornisa más elevada debajo del tejado, el hollín de chimeneas y años
Y justo detrás, asoma una veleta coronando lo alto del campanario
Pero tú… sirena del bosque, tú no estabas.
Tenía la pequeña grieta inocente en la pared
frases de amantes maquilladas y mezcladas con auxilio
Tenía el caminar de la gente el zigzag de los perros callejeros
agujereándoles el paso
Y la romanza de la fuente una cristalina tela abanicada.
Tenia la copa del ciprés una cigarra vagabunda adormecida por la brisa
Tenía temblores de un lampar dominante por sed en la boca, tenía volcanes en el pecho, pero tú no estabas.
Tenía atascado en los surcos de la frente el sudor de la espera
Tenía la fiebre de alucinaciones de un escarnio acechándome por las espaldas
Tenía dagas hambrientas y desorientadas
de incertidumbre golpeándome las asaduras
Tenia de hastío, tenia de desplomado valle y desdeñado salmón
Tenia hasta la libertad para morir, pero tu…sirena del bosque, tú no estabas.
Grilletes jóvenes empuñàndome los tobillos
Horrendas comarcas de escalofríos habitándome
Frescos estigmas, desangrados recuerdos, miedo, pena, quebranto
Tenia al caballero negro, ese que por silencio nombran
tirando de la cuerda que por el cuello me sujetaba
Tenia hasta la nada para mi solo, porque tú…sirena del bosque, tú no estabas.
L.C.R./CH/2013.
Epístola # 4 Para ti , por ti.
Demonios repartidos en los locales del hechizo, como un trueno que aun no ha despertado, solteros demonios, taciturnos e insolentes de la fiereza. Demonios intangibles, sentenciados y hundidos en la bruma desoladora de tormentosos pozos, me visitan. ¿Quien sabe de su hambre y su esgrima radical asomada en lo oscuro de sus garras?,… ¿quien sabe de sus intenciones sádicas calcinando todo oleo multicolor?
Apareciste, escondida entre las hojas caídas del árbol otoño, ese de tronco áspero y negruzco, en pleno verano. Las canchas reverdecidas del azul entretejido en las nubes, fueron orificio para tu mirada. Las cigarras enmudecidas frenaron su alegato fusiforme al entrar de la mano del fauno a mis días.
Demonios, agresivos bandoleros, sentenciados y furtivos son estos momentos, en que la soledad desprende una hipnosis indocumentada donde no ambiciono nada mas que una sonrisa, un regazo y un trozo de pan.
Soy simple, pero no pienso simple, soy humilde pero no amo con humildad, soy intenso, pero es por que tengo grande el corazón, no busco sitios , para mi, también la luna es un lugar, no busco tristezas, incertidumbres, ni batallas, basta mi propia guerra por sobrevivir en un mundo desigual, no soy perfecto pero tampoco un iluminado, más bien soy un hombre común, distinto en algunos aspectos y con miles de defectos, pero si algo tengo por seguro es que sé lo que quiero, de donde vengo y hacia donde voy.
Las góndolas navegaban los precipicios engalanados de alturas y peligrosos desatinos, la caricia durmió en el diván de calaveras y dilatadas cuchilladas, Un deseo efímero naufragó en inciertas propuestas. Una mano empuñada por otra fallece en las criptas del cementerio más inhóspito, un escalofrío en toda la columna avisa de temblores y nervios a punto de estallar, te llaman tus nombres, te llaman mis ansias, pero a veces es demasiado tarde y los vientos son tan fuertes que se llevan cualquier eco.
Que tengamos alma no significa que seamos divinos compases de la misericordia, que tengamos labios no significa que sepamos pedir perdón, inconformes y aventureros de la osadía somos, desastres incompletos dentro de humanoìdes gestos y personales rasgos. Destilando el rojo vino que nos compone, por las mejillas desnudas de abrigo y consuelo, no compensamos errores que antes nos fusilaron. Anudando intereses y conveniencias no se restaura el vacío en la almohada, no se llenan las fuentes de agua para la sed y no se hacen sonar las campanas en las iglesias de la dicha.
Tan importante el velo y el vestido como el andar, en ti, me era, tan lujoso el beso como los labios en ti, que míos fueron, recuerdo nostálgico serán. No pretendo inmortalidades ni azucenas singulares en mi jardín, No pretendo inflexibilidad en las crucifixiones eternas de la piel, solo quiero lo real de la fusión en el sentir de la entrega. No quiero estos demonios sujetos a la espera, esotéricos, brujos, enajenados, pretendientes de la muerte y el susto, compañeros de lo bizantino y lo tenebroso.
Puta mierda de vida esa que te frena por tantas cosas, la velocidad de vivir con todo y hacia todo, puta mierda de vida que hemos de andar como dos extraños, en medio de los campos de otras resoluciones, de otras cofradías, de otras asambleas de mentiras para no devorarnos para siempre en el fuego de las intenciones y los juramentos.
Perdóname Dios, tu que de justo comprendes, decidme bendito, tu que hiciste este mundo que conocemos, ¿por que lleva tanto de dolor y penumbra el camino del amor?, ¿decidme que otra manera de saber cuanto soportamos te has inventado?, para cambiarla por este arroyo de quimeras torturándome.
Demonios, una y otra vez.
Traigo Vino y Velas.
Púdrete Olvido en ti mismo como musgo de cien años
Fusilado has de morir por los relámpagos más ciertos
Púdrete Melancolía intrusa, bohemia de agasajadas heridas
Acerrada como los troncos del pino verde debes ser
Difamadora alucinación a la guillotina de mil realidades te encomiendo, que una campana ando moviendo, un collar ando portando y una vela ando encendiendo.
Exonerada dejad mi figura, Dios, de tanta pestilente sudoración
Reparte los trozos de cada tropiezo en las más lejanas latitudes
Conduce Dios las brechas por donde escapan las alegrías
Bienaventuradas estructuras que me auspician, os ruego protección.
Que no debe sino por buen sendero cabalgar mi corazón, y no por aquel que el desamor condena.
Alejaos Demonios de casta maldad, pontífices de la Oscuridad
Sentenciados al destierro de mi, os imploro. Que para tanta
Encrucijada de incertidumbres una Oración compongo, una fe promulgo, una virgen adorno con girasoles y azucenas, una maraca ando sonando y cosas buenas ando pidiendo
Para que no sea otra mi suerte, que esa que el amante descubre en los más fervientes brazos.
Apurad su venida, besos del paraíso mágico que en el crepúsculo descansan
Un labio y otro labio unidos por circunferencia, os esperan
Desnúdate piel de la otra piel que solo frío estampa con la agujas de la indiferencia
Destronado ha de estar para entonces el calvario de toda queja o inconformidad
Si a mi destino decidiera inyectar el Cosmos, la miel de la amada que mi pecho reclama
Concededme entonces mi santo, años y paz para la esposa y amiga que se anida en mi vida
Que aguardiente ando trayendo, que tabaco ando fumando, que bendiciones ando pidiendo, que milagros ando buscando.
Y cuando ya por último embriagado de la dicha infinita que concede la gloria de los juntos por siempre, y otra vez el sol asome en mi ventana eterna, devolver al cielo este mi cuerpo pero mi alma, por favor santico, mi alma déjala junto a ella.
Que para eso traigo vino, que para eso traigo velas.
L.C.R./CH/2012.
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